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El Gobierno endurece la Ley de Extranjería para
cerrar el flujo de inmigrantes |
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La crisis lleva al Ejecutivo a limitar las
reagrupaciones, restringir los permisos de trabajo
y buscar la «concatenación de contratos» para
evitar más llegadas |
La decisión ya está tomada. En el 2009 habrá reforma de la ley
de extranjería con un objetivo prioritario: frenar la llegada
de nuevos inmigrantes dada la crisis económica y el continuo
crecimiento del desempleo, que durante el año próximo puede
alcanzar niveles alarmantes. Los técnicos del Ministerio de
Trabajo e Inmigración valoran ya varios borradores que
Celestino Corbacho quiere que se conviertan, a finales de año o
principios del 2009, en proyecto o proposición de ley (según el
consenso que alcancen) en el Congreso de los Diputados. Los
documentos y propuestas con los que trabajan los técnicos del
Gobierno no dejan lugar a dudas del sentido de la reforma:
limitación de las reagrupaciones, restricción de los permisos
de trabajo y «concatenación de contratos» para evitar nuevas
llegadas, entre otras novedades.
El Ejecutivo ya ha pensando incluso cómo presentar esta
modificación de la legislación de extranjería para provocar la
menor polvareda posible. El mensaje es que no será una nueva
ley, será simplemente una «reforma acotada y de aspectos
técnicos». La consigna es evitar un gran debate sobre la
política de inmigración y hacer ver que las modificaciones
están obligadas por la necesidad de transponer directivas de la
Unión Europea y acatar el fallo del Tribunal Constitucional
sobre derechos fundamentales de los sin papeles, que fuerza a
retoques en el actual texto.
Los analistas de Moncloa y del Grupo Socialista, cuyos
responsables ya han iniciado contactos informales con algunos
partidos, han llegado a la conclusión de que ahora es el mejor
momento para abordar la reforma, a la que sólo se oponen de
manera abierta Izquierda Unida y ERC. Además, responsables del
Ejecutivo recuerdan que tienen la encomienda del Parlamento de
reformar la normativa sobre extranjería, ya que el pasado
septiembre la cámara aprobó una moción promovida por CiU para
revisar la Ley Orgánica 4/2000 sobre Derechos y Libertades de
los Extranjeros en España y su Integración Social con el fin de
adecuarla a la «situación económica y social» actual.
El Partido Popular, explicaron fuentes parlamentarias, está
dispuesto a apoyar este endurecimiento, aunque insiste en que
quiere que en la nueva ley figure la prohibición de nuevas
regularizaciones extraordinarias, propuesta que rechazan el
resto de los grupos.
El eje central de las recetas contra la crisis de la futura
normativa de inmigración será la limitación de las
reagrupaciones familiares. Los inmigrantes con permiso de
residencia sólo podrán traer a España a hijos y cónyuges
(«núcleo familiar estricto»). El proyecto del Ejecutivo es que
los ascendientes sólo puedan ser agrupados después de que el
inmigrante legal haya pasado cinco años en España y haya
obtenido por tanto la residencia permanente. Y siempre que el
reagrupante pueda demostrar que cuenta con medios económicos
suficientes para mantenerlos.
Filosofía del texto
Los responsables de Trabajo quieren que en la filosofía del
futuro texto quede claro que la reagrupación de padres o
suegros no puede ser un «derecho universal», sino que debe ser
un «derecho reglado». Detrás de este cambio normativo está la
preocupación del Gobierno por el gasto, sobre todo sanitario,
que generan esas personas no cotizantes y un posible deterioro
en los niveles del Estado de bienestar.
Para aumentar esa base de contribuyentes, la nueva ley dará luz
verde a que los hijos reagrupados puedan trabajar a partir de
los 16 años, igualando así el inicio de la edad laboral con el
resto de los españoles. Hasta ahora, los extracomunitarios no
podían buscar trabajo hasta los 18 años, lo que Corbacho ha
calificado reiteradamente de «contradicción». El Gobierno
quiere aprovechar la reforma para trasponer la directiva
europea de nacionales de terceros países residentes de larga
duración. Esta directriz, que España todavía no ha hecho suya a
pesar de que el plazo para su transposición concluyó en enero
del 2006, obliga a dar «autorización inicial de residencia
temporal» a todos los extracomunitarios que hayan conseguido
papeles en otros países de la Unión Europea.
Eso sí, la futura normativa de Trabajo, tal y como ya recogen
las instrucciones remitidas por ese departamento en abril a
todas la delegaciones, restringirá el acceso al ansiado permiso
de trabajo. El extracomunitario sólo podrá ocuparse por cuenta
ajena cuando «la situación nacional de empleo permita su
contratación». Además, el departamento que dirige Corbacho está
especialmente interesado en que la reforma incluya más
mecanismos para limitar las contrataciones en origen, casi la
única vía legal para entrar en España. El ministro ya ha
apuntado a sus colaboradores que en el futuro texto debe primar
lo que él mismo denomina «migración circular» (programas de
contratación con fecha de vuelta) y la concatenación de
contratos (mismos temporeros para diferentes cosechas).
Las modificaciones obligadas por la sentencia de noviembre de
2007 del Tribunal Constitucional son las que menos maduras
están y las que menos preocupan al Gobierno, habida cuenta de
que no suponen desembolsos económicos. La corte declaró
inconstitucionales los artículos de la Ley de Extranjería
promovida por el PP que negaban a los 'sin papeles' los
derechos de reunión, asociación y sindicación. El tribunal
ordenó al Gobierno que en un «plazo de tiempo razonable» no
sólo reconociera por ley estos derechos, sino que los llenara
de contenido y «estableciera las condiciones de ejercicio» de
los mismos.
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